CASAS SILVA, FRANCISCO
En la novela, Dolores del Río y María Félix, las divas ruinosas, intercambian plumas, collares, brillos y atraviesan con sus cuerpo sudacas los espacios locales de la ciudad de Santiago, la vigilancia hostil que se advierte, acudiendo a la estrategia de deslizar sus formas bacanales para así transitar con agudeza las superficies.
Estos nombres cinematográficos, abiertamente artificiales, que podían abrir una conexión con Manuel Puig y su fascinación por el sitio sentimental del melodrama, operan en la novela como un dispositivo diverso al que articuló el escritor argentino. Más bien los nombres estelares aludena a la "chapa" a un clandestinaje enloquecido, a una vuelta de tuerca política inesperada, cruzada por una corrosiva carcajada social. (...)
La novela busca romper las fronteras de lo privado y lo público, convierte los nombres verídicos de una determinada comunidad artística que pobló los años 80, en materiales ficticios sobre los que textualiza sus imágenes más alucinadas y brillantes. De la misma manera que Reinaldo Arenas construyó relatos sobrepoblados de delirio, Yo, yegua fragmenta, tuerce y retuerce paródicamente la realidad biográfica para así permitir vislumbrar la envergadura de una reprimida realidad social. Renuncia a la dramatización de la diferencia de los estilos, reniega de la culpa. Los cuerpos son lo que son, fragmentos, frases, gestos, acciones, viajes por la ciudad. Diamela Eltit