DESCARTES, RENÉ
Lo que hoy damos a conocer como Tratado del hombre formó parte de El mundo o Tratado de la luz en calidad de «capítulo XVIII». Schuyl y Clerselier otorgaron una vida autónoma a este texto; su difusión fue intensa y su influencia fue acusada, como se pone de relieve en multitud de textos y tratados que asumieron dar cuenta de la coordinación y adaptación que los hombres reflejan en su conducta aceptando tanto la suposición de que el cuerpo no es otra cosa que una máquina integrada por piezas, como la defensa del papel activo que tiene el ambiente en la determinación de las conductas.
Descartes defendió como fundamental la idea de que la nueva filosofía debería atender prioritariamente el desarrollo de la medicina, pues esta ciencia ofrecía uno de los medios que podrían contribuir al bienestar de las gentes; explicaciones como las facilitadas por Harvey debían ser generalizadas. Por tanto, un nuevo paradigma del ser en movimiento debía sustituir al aristotélico.
Descartes es muy probable que, al dejar incompleto el desarrollo del programa anunciado en el primer párrafo de este tratado, haya planteado su posición final porque el querer, imaginar y sentir del hombre, no de la máquina, tienen en común el presuponer el pensamiento o la conciencia.