DARIA #LAMARACX
El cuerpo del yo escribiente. El cuerpo genital, el cuerpo erotizado, el cuerpo como lugar de placer, de interrogación, de afirmación, de búsqueda. El cuerpo deseante y penetrado, el cuerpo deseante y penetrado, el cuerpo que se articula alrededor de sus propios orificios tras la llamada del deseo y la efervescencia del encuentro.
En palabras de su prologuista, Alicia Ortega:
"Vuelvo al título: Pasivas. Bitácora sexual. Pasivas, repito. Me digo que, aunque se pretende sinónimo de sumisas, el vocablo bien puede ser reemplazado por insumisas (también por desobedientes, impúdicas, rebeldes), pues se trata de un cuerpo penetrado/sometido que elige su propio quiebre como ocasión para pensar, problematizar, dar testimonio, fabular y declarar a cielo abierto sin pudor alguno. Es decir, se trata de un cuerpo que hace de su desgarradura el lugar de su enunciación. Así, esta escritura borra con su solo gesto la frontera normativa que suele dividir a las personas entre quienes ejercen el poder y las que son poseídas. Por ello, si pasiva responde a una lógica binaria que clasifica las conductas según la posición de los cuerpos, esta Bitácora reinventa el vocablo para cargarlo de ironía, fuerza lúdica, promesa de aventura, posibilidad de reflexión y cuestionamiento."