CHIRIF, MICAELA
Cuando nació, el cielo estaba más lejos que ahora. O lo parecía, porque era el año 1726 y ningún ser humano había volado jamás. Observando a las aves desde niño, Santiago descubrió cómo hacían para elevarse y mantenerse en el aire, incluso los enormes y pesados cóndores. Años más tarde, sus hallazgos lo llevarían a diseñar una novedosa y sorprendente máquina para volar