Más adelante, la madre me explicó que su hija había muerto de miedo. De miedo a la muerte. ¿Y quién no lo tiene, Señor? ¿Acaso no lo tuvo el Crucificado?
Esta web utiliza cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Puede obtener más información aquí o cambiar la configuración.