GARVIZU, ANAHI MAYA
En medio del altiplano
hay una pequeña aldea rodeada por álamos.
Ahí, en los mejores, aunque duros años,
Donatella recogía el agua del río en cántaros de arcilla
y lanzaba un puñado de grano a las gallinas cada mañana.
Tuvo seis hijos, dos murieron.
Nunca volvió a casarse.
La última vez que la vi
no logró reconocerme.
De la casa de adobe que habitaba,
rescatamos candelabros de bronce
y herramientas oxidadas.
Las cucharas y vasos fueron usados hasta el último día.
Aprendimos a agradecer lo gastado.
En la aldea de álamos y horneros,
hoy es una sola vertiente
donde se recoge el agua.
Los cambios son notables o no
según en ángulo del cual se mire un viejo hogar.
Una mañana un mechón de sus trenzas blancas
escapó con la brisa. Mi abuela también.