SAN JUAN DE LA CRUZ / MARCOS, JUAN ANTONIO
«Comunícase Dios con tantas veras de amor, que no hay afición de madre que con tanta ternura acaricie a su hijo», afirma San Juan de la Cruz.
Es este uno de los hilos más poderosos que recorren, de manera furtiva, la obra de nuestro místico: la infinita ternura de Dios-madre.
Dicha ternura es la atmósfera que se respira en su prosa y en sus versos. Y a su vez, está íntimamente conectada con otra palabra mágica que es «atención»:
clave de la experiencia contemplativa más genuina.
Esa que Juan de la Cruz ha condensado en dos palabras seductoras: atención amorosa.
La experiencia de Dios no es solo una cuestión de «atención plena» (o mindfulness). Es mucho más. Es atención «amorosa».
Es atención a una Presencia.
A una Presencia infinita de amor y de vida.