MENDEZ CONS, ARTURO
Llevaba años sin escribir un solo verso. Le parecía ya algo impropio de un adulto como él, centrado en sus problemas de adulto: pagar facturas, resolver consultas legales en el trabajo y abonar religiosamente el IBI o el seguro del coche. Pero una mañana, mientras abrochaba a su hijo mayor el cinturón de seguridad en la parte trasera de la furgoneta, al despedirse de él con un beso lento en la mejilla, recordó de repente, con abrumadora claridad, aquel día justo once años atrás en el que lo había tenido por primera vez entre sus brazos. Aquel día, ese hombre no pensó que su hijo no llegaría a hablar nunca. Más bien dio por sentado que todo seguiría su curso natural: con el tiempo hablaría, le contaría cosas, se ataría él solo los cordones de las botas para jugar al fútbol al salir de clase, sufriría con el primer amor
En fin, tendría una vida como la de cualquier otro niño de su edad. ¿Quién podría imaginar que aquel recién nacido, que dormía plácidamente entre sus brazos, no haría nunca ninguna de esas cosas?
Este libro es testimonio de una obviedad, por supuesto: la vida, además de breve, es azarosa.
Pero no solo eso. Puede que, cuando tu hijo te necesita más aún de lo que normalmente un hijo necesita a un padre, de repente parezca más lógico que nunca hacerse ciertas preguntas tal vez las mismas que se hace cualquiera, pero que cobran otro sentido.
Somos apenas una anécdota en medio del vasto universo. ¿Solo eso? Tal vez. Pero les diré algo: la resiliencia es también una exploración de los límites del amor. Quien cuida de otra persona dependiente o diversa, vulnerable e inocente lo sabe.